Fiesta de la Virgen del Mar en Puntarenas
La celebración de la Fiesta en honor a la Virgen del Mar en Puntarenas data de 1913, asociado a un milagro ocurrido en alta mar, cuando unos náufragos son rescatados y dan su testimonio en la parroquia de la localidad. Cabe destacar que la devoción a la Virgen del Carmen se propaga en España desde la región de Galilea y el Monte Carmelo.
Cuenta la historia que San Simon Stoock, un carmelita que vivió durante el siglo XIII, fundó varios monasterios carmelitas en Europa. En un 16 de julio de 1251 se le apareció la imagen de la virgen llevando en sus manos un escapulario y desde entonces se propagó la devoción a la Virgen del Carmen.
En la época de la Edad Media, los pescadores tenían una especial devoción a la Vírgen del Carmen a la cual llamaban “Estrella de Mar”, un nombre significativo dado que los navegantes utilizaban las estrellas como guías en su trayecto en alta mar. La Marina Española asumió como patrona a la Virgen del Carmen y las tradicionales procesiones con la imagen en el mar a partir del siglo XVIII. Por lo tanto, es probable que exista influencia española en la devoción del puerto puntarenense.
En Costa Rica, su devoción se asocia a un milagro ocurrido hace más de noventa años en el puerto de Puntarenas.
Cuenta la historia que en julio del año 1913, en la pequeña y floreciente ciudad comercial del puerto de Puntarenas, se esparció la noticia de que el barco “El Galileo” había naufragado cerca de la Isla del Caño. El dueño de la colapsada embarcación se llamaba don Hermenegildo Cruz Ayala, más conocido como “Merejo”, un panameño de nacimiento que había llegado a Puntarenas en busca de mejores condiciones de vida y poseía una pequeña flota para la búsqueda de los bancos de concha perla. El producto lo llevaba al mercado de Panamá cada dos meses, donde acudían ricos compradores de perlas.
Las unidades de la flota duraban de uno a tres meses en alta mar.
Las comunicaciones eran difíciles en ese tiempo y la forma más común era mediante los mensajes telegráficos que los capitanes hacían desde Sardinal o enviando vía terrestre o en bote a un marino para comunicar a las familias sobre alguna eventualidad. Sobre El Galileo, se dice que era una de las mejores embarcaciones y de fuerte estructura construido en el astillero de Lorenzo Canessa. La preocupación para esa fecha era que don Hermenegildo Cruz no había recibido noticia alguna de la tripulación y las condiciones climáticas anunciaban una supuesta tragedia. El dolor de los familiares de los tripulantes hizo que don Hermenegildo se dirigiera al templo católico de la ciudad para pedirle con fervor al a Virgen de El Carmen por sus trabajadores. El pueblo católico encabezado por el párroco José Daniel Carmona, oró por los náufragos de quienes no se tenía ninguna noticia. El milagro sucede días después cuando los tripulantes de El Galileo son trasladados a tierra firme en Puntarenas por un barco que los rescató. Para sorpresa de quienes oraron por los tripulantes, ellos mencionaron que una mujer, en medio de la tempestad y la tragedia, les dio alimento y los acompañó dándoles fuerzas para nadar a tierra y fueran rescatados. Don Hermenegildo al escuchar la historia, les dijo que fueran donde el Pbro. Carmona y le contaran la historia. Ese mismo día, los rescatados recorrieron las calles de arena de la pequeña ciudad y se presentaron en el templo, acompañados de sus familiares y amigos y subieron de rodillas la iglesia hasta donde estaba la imagen de la Virgen del Carmen. Silvano Nieto, Capitán de la embarcación El Galileo, narró que gigantescas olas cubrían la embarcación en medio de la tempestad. El barco se mecía entre remolinos de viento y agua y las maderas de la estructura cedían ante la fuerza del mar. Los tripulantes horrorizados, corrían de un extremo al otro de la embarcación, con el temor a morir ahogados, sintiéndose impotentes ante la furia del mar y los potentes truenos que alumbraban el firmamento. Con lágrimas en los ojos y atemorizado, el Capitán Nieto se introdujo a la litera a esperar el último momento, no sin antes hacer una plegaria a la Virgen del Carmen. La invocó de rodillas y le pidió con vehemencia que los salvara del naufragio y le hizo la promesa de que en caso de que los alejara del peligro, llegando a Puntarenas iría a la iglesia a darle las gracias. En cuestión de minutos, les pareció ver adelante una luz blanca y el mar al instante perdió su furia. A los tripulantes, les pareció que se trataba de una fuerza divina que los halaba con un mecate invisible a tierra firme. La embarcación mal trecha después de la tempestad, se deslizó sobre el mar con pequeños tumbos. Las enormes olas habían cesado y el sol salía nuevamente. Ante esta situación, considerada como un milagro en alta mar, don Hermegildo Cruz le prometió al sacerdote que celebraría una pequeña fiesta por el favor concedido.
Desde esa fecha y todos los años para el mes de julio, pedía celebrar la fiesta en el mar en honor a la Virgen María.
La festividad de la Virgen del Carmen es el 16 de julio. Dada la historia vivida por los tripulantes de ese barco en alta mar, se consolidó una tradición de celebrar la festividad en honor a la Virgen, ahora llamada Virgen del Mar en el mes de julio de cada año. De esta forma, es que los porteños tienen una fiesta propia. Anteriormente, la imagen de la Virgen del Carmen era adornada con guirnaldas de colores y en andas los marineros la trasladaban del Barrio El Carmen hasta la Parroquia.
Posteriormente, se trasladaba desde el templo hasta una lancha elegida para el recorrido. La misma era decorada de manera más bonita que el resto de las embarcaciones y encabezaba el desfile.
Cuando la comunidad china se asentó en el puerto e inició su participación en estas fiestas, introdujo nuevas formas más vistosas de decoración de las lanchas. De esta forma, con papeles de colores se hacían gigantescos cisnes, dragones y peces con las que decoraban una lancha representativa de este sector de la población puntarenense. Pequeños y grandes pescadores acostumbran sacar sus embarcaciones, saliendo del Muellecito y en grupo hacían un recorrido a manera de procesión en el mar. De manera simbólica, las y los dueños de las embarcaciones pagaban un simbólico tributo a la Virgen, dinero que era recolectado por el comité organizador de los festejos para cubrir las necesidades de la parroquia.
En la actualidad, los pescadores le continúan rezando a la Virgen del Mar para dar gracias por el fruto de su trabajo y pedirle confiadamente que los proteja cada vez que salen del puerto y recorren los mares en la búsqueda de su sustento.
La Virgen del Mar tiene un significado especial para el pueblo puntarenense. Se le denomina como “Patrona de la Diócesis de Puntarenas” en el año 1998 siendo primer obispo Monseñor Hugo Barrantes. En el año 2003, se presenta una propuesta a la Asamblea Legislativa para que la Virgen del Mar sea considerada Patrona de la Provincia de Puntarenas.
El número de embarcaciones que participan de la procesión fue incrementándose con el transcurrir de los años. Abundaban las lanchas y pangas de pequeños pescadores que se apersonaban el día de la Pasada para honrar a la Virgen en su día.
Las lanchas son vistosamente decoradas con globos, banderas y guirnaldas de colores. Cientos de visitantes llegan a Puntarenas para participar de esta fiesta y disfrutar desde la playa el recorrido de la procesión. La procesión cobró mayor colorido y presencia cuando una lancha de mayor tamaño llamada “La Rossana”, construida por los astilleros de don Alberto Fait en Puntarenas, presidió el desfile. Esta lancha se encargaba de traer la madera para los aserraderos de Pedro Canale y otros del barrio del Pueblo Nuevo. Posteriormente, don Gastón Lutz trajo un barco que se llamó “Stella Maris” de fabricación alemana, con casco de hierro y muy grande, la que se convirtió en la “Nave Capitana”, en donde se llevó a la Virgen del Mar en procesión durante varias ocasiones.

Una vez concluida la procesión el día domingo, la comunidad puntarenense esperaba al día lunes. Después de una solemne misa, se procedía a trasladar la imagen de nuevo a la comunidad del Carmen cerca de lo que se conoce como “La Punta”, donde existía un faro en el que se mantenía una imagen de la Virgen tallada en piedra. Por las noches, la imagen de piedra era iluminada y los marineros decían que era su guía. Actualmente, existe una menor participación de los pescadores en la procesión en alta mar debido a los altos precios de combustibles y las condiciones laborales que enfrentan. Sin embargo, más de cinco decenas de embarcaciones participan con alegría de esta tradición porteña. Las embarcaciones camaroneras zarpan en la actualidad desde el muelle del Servicio Nacional de Guardacostas, rumbo al sector del Paseo de los Turistas y alrededor del muelle de Cruceros.La idea de María como una estrella que guía a la gente de mar ha llevado a la devoción a la Virgen, Estrella de La Mar en muchos católicos y de las comunidades pesqueras costeras.Numerosas iglesias, escuelas y colegios se dedican a Stella Maris, Nuestra Señora
Estrella de la Mar, o María, Estrella de la Mar.

Nuestra Señora de Monte Carmelo, referida comúnmente como Virgen del Carmen, es una de las diversas advocaciones de la Virgen María. Su denominación procede del llamado Monte Carmelo, en Israel, un nombre que deriva de la palabra Karmel o Al-Karem y que se podría traducir como 'jardín'. Existen hoy en activo órdenes carmelitas repartidas por todo el mundo, masculinas y femeninas, las cuales giran en torno a esta figura mariana.El 16 de julio de 1251, la imagen de la Virgen del Carmen se habría aparecido a San Simón Stock, superior general de la Orden, al que le entregó sus hábitos y el escapulario, principal signo del culto mariano carmelita. Según es tradición la Virgen prometió liberar del Purgatorio a todas las almas que hayan vestido el escapulario durante su vida
La devoción mariana hacia la Virgen del Carmen se extendió a muchos países de Europa y América, destacando entre ellos España, Costa Rica, Guatemala, Panamá, Perú, Colombia, Chile y Argentina
.
.
Novena a la Virgen del Carmen